Juan Carlos Ramírez Figueroa

Publicado originalmente en luchalibro, en enero de 2010.

Este texto lee (500) Days of Summer (Marc Webb, 2009) no como una comedia romántica ni como una historia de desamor, sino como un estudio sobre el fin de la juventud. Se argumenta que Summer —el personaje de Zooey Deschanel— no es una mujer, sino una codificación: un espectro construido con las referencias pop de Tom, el protagonista. A partir de Žižek y The Pervert’s Guide to Cinema, de la lectura errónea de El graduado y de los Mass Communication Research, se propone que el “amor” de Tom es una ficción simbólica que estructura su realidad, y que su tragedia es no poder salir de ese relato: no mata al ideal, se queda a vivir en él.

El problema no es si los deseos están o no satisfechos. El problema es qué desear. Lo perverso del cine es que le dice al espectador cómo desear.

The Pervert’s Guide to Cinema (2006)

1. El tráiler

Un colega me escribió por Messenger hace tiempo: “Esta es la película indie que se viene”. Y me linkeó el tráiler:

Inmediatamente pensé: si estos son tan melómanos e interesantes, ¿por qué no rompieron el hielo con The Housemartins o Field Mice?1 ¿O, ya que estamos con The Smiths, “Back to the Old House”, “Girlfriend in a Coma” o “I Know It’s Over”? Pero no, tenían que hablarse gracias a un tema tan quemado como “There Is a Light That Never Goes Out”.


2. La mujer invisible

Sin embargo, es otra cosa la que enoja a quienes han visto la película: Summer. O Zooey Deschanel, que —tal como los actores chilenos— siempre hace de ella misma.

Summer barre el piso con Tom Hansen (un torpísimo Joseph Gordon-Levitt), el protagonista, usando la dialéctica interés / falta de interés para generar dependencia:

  • Al principio ella lo mira de reojo y más tarde le habla en el ascensor. Pero después se hace la indiferente cuando él le sube el volumen a los Smiths en iTunes.
  • Ya en plena “relación”, ella le dice que es feliz con él pero que no tienen por qué “etiquetar” lo que tienen, que es divertido ser cómplices y decir “pene” en público, pero que no necesita que la defienda si un yuppie tardío quiere seducirla en un bar.
  • Finalmente, se pone a llorar con el final de El graduado —la verdadera escena clave de la película, de la que hablaremos más adelante—, le suelta la mano y le dice que no, que no está segura de lo que tienen y que deben terminar, pero después del pastel, que está muy bueno.

Probablemente muchas jóvenes —y tipos que no se enojaron— sientan que Deschanel es lo máximo y quieran ser, o emparejarse con, ella. Pero ella es una codificación, un espectro, una idea de Tom cristalizada en (a) esa ropa de abuela que usa, (b) el peinado que propone un ocultamiento —aunque es probable que tras ese “secreto” no haya nada2— y (c) un cúmulo de referencias “pop”: elegir a Ringo Starr porque “era el Beatle menos interesante”, citar a Belle and Sebastian en un anuario escolar, entusiasmarse con un single ultrapopular de los Smiths, leer El retrato de Dorian Gray, gustar de los cuadros de Hopper.

Referentes culturales aleatorios hablan más de alguien que se fue influenciando por las recomendaciones de “otros” que de una búsqueda propia, que arrojaría resultados más coherentes. Y esa es la clave para entender la película como una especie de vaciamiento “edípico”, más que como una historia de desamor o una recapitulación a lo Annie Hall o Alta fidelidad, simplemente porque no hay una mujer que enamore al protagonista.

Lo repito: en (500) Days of Summer no existe la mujer. No es casual que uno de los afiches muestre a Joseph Gordon-Levitt dibujando, rodeado de 500 fotos de su “proyección”. Es el espejo que sus “críticos” odian tanto.

Afiche de (500) Days of Summer: un collage de cientos de fotos de rostros forma el skyline de una ciudad; abajo a la izquierda, Joseph Gordon-Levitt sentado, dibujando El afiche: 500 fotos que forman una ciudad, y Tom dibujándola. “This is not a love story.”


3. Reacciones

En la última Qué Pasa aparecen dos “columnas” a favor y en contra de Summer. El tipo —con un tono cervecero abc1— dice:

Summer, a diferencia de las otras tipas que puedas conocer, no quiere flores, chocolates o que la abraces frente a tus amigos. Summer no quiere domesticarte. Y eso es un desafío muy cabrón. Por eso es que los tipos que siguen a Summer son los mismos que son capaces de seguir a un equipo —incluso si pierde temporada tras temporada— sin llorar y sin cambiarse.

La tipa, en cambio, opina:

Hay que reconocer que el mundo está lleno de chicas Summer. Mujeres que andan por la vida enamorando a los buenos y que terminan barriendo el suelo con ellos. Lo peor de todo es tener la certeza de que, en la mayoría de los casos, las Summer siempre ganan.

Fotograma de (500) Days of Summer: un bus lleno de decenas de mujeres idénticas a Summer, todas mirando a la cámara “El mundo está lleno de chicas Summer”: la película lo dice literal.

Daniel Villalobos prefiere “alertarnos”, enojado, sobre la fórmula que sostiene el filme, como si las comedias románticas no fueran en sí mismas una receta. En la misma línea “rabiosa”, Víctor Gutiérrez escribe: “500 Days of Summer es una completa mamonearía que desde el patetismo consigue sacar algunos suspiros en la audiencia femenina, que se derrite ante un protagonista que interpreta un rol invertido: un rol de mujer sufrida, débil, enamoradiza, esperanzada y soñadora”.

El impostado personaje de Hermes se hace cargo de todo esto: “Igual últimamente he escuchado a un montón de giles decir que esta película es mala porque es muy ondera, porque tiene canciones que a ellos no les gustan y porque ellos son bacanes y nunca sufrirían por una minoca como el protagonista de esta cuestión, y pffft, qué falso, en la vida real no pasan esas cosas porque yo soy profundo”.

Sin embargo, ¿no es más interesante dejar de verla como una película de “amor” y entenderla como un estudio psicoanalítico sobre el fin de la juventud?


4. Adolescencia tardía

No es accidental que Summer esté desprovista de opiniones, decisiones, identidad. No hay forma de “entender” por qué en 1998 prefirió escuchar The Boy with the Arab Strap en lugar de, digamos, Come On Over de Shania Twain. Incluso en la reconstrucción del pasado infantil de ambos, al principio de la película, de ella solo se narran los “efectos que provoca” (la miran en el bus, le arriendan más barato, incrementa las ventas en los locales donde trabaja). Del hombre, en cambio, se dejan bien en claro los efectos provocados por el pop británico (hay un póster de Jesus and Mary Chain) y por la mala interpretación de El graduado.

Tom y Summer frente a frente en un ascensor; él lleva audífonos al cuello, ella le habla El “hola” ocurre en el ascensor, y ocurre por The Smiths. La conexión es una referencia compartida.

Tom, como buen “adolescente tardío”, construyó su idea de la mujer a partir de la radiación de la cultura popular. Sabemos por los clásicos Mass Communication Research3 de la teoría funcionalista —Lasswell y Lazarsfeld fueron los primeros en demostrar que el público no era un grupo tan idiota como para dejarse manipular por los medios— que, a medida que se desintegran las instituciones que dan consistencia simbólica a las interacciones sociales (familia, iglesia, colegio, Estado), los medios empiezan a reemplazarlas: sus mensajes adquieren mayor resonancia en el receptor y sus efectos dejan de ser tan limitados como antes.

Y el pobre Tom —se nos narra— fue un muchacho solo, idealista, algo despistado, que creció buscando a “la mujer ideal”.


5. Sobre la mala interpretación de “El graduado”

Sabemos que la película de Mike Nichols, protagonizada por el gran Dustin Hoffman, trata sobre un egresado de la universidad que no sabe qué hacer con su vida, y cuyo final —parodiado hasta en Los Simpson— es cuando rescata a su chica en pleno matrimonio, esquivando a la novia, los padres y el párroco, hasta subirse a un bus. Rápidamente dejan de reírse y empiezan a mirar la pantalla con amargura. Ella lo mira extrañada, pero él no le hace caso.

En la escena clave de (500) Days of Summer, Summer se pone a llorar cuando termina la película. Como si esa “mujer inventada” por el personaje le estuviera avisando que todos los años en que creyó que El graduado tenía un final feliz fueron un error, y provocara una grieta que se volvería explícita en la escena en que Tom se retira de la fiesta de Summer tras descubrir que está comprometida con otro.

Allí empiezan a dibujarse, y luego a desdibujarse, los edificios que tanto le gustaba recrear —incluso en el brazo de ella— hasta desaparecer él mismo. Es decir: su “amor” por Summer, que venía de una idealización infantil, era una ficción simbólica que regulaba y estructuraba la realidad.

No es que de pronto Tom haya escapado a la realidad y se haya dado cuenta de que fue un idiota. Más bien despertó hacia la realidad que habitaba la ficción. Y se enfermó más. Este desfondamiento, además de desesperarlo, hundirlo en el alcohol y hacerlo declarar que su trabajo como redactor de tarjetas se sostenía en la “mentira”, lo hizo meterse en otra ficción.

Entonces, su error no fue “comportarse como mujer” (ni viceversa), sino que la única forma que tenía de vincularse a ese amor explosivo era “encarnándose en ella”. Si jugamos un poco con el psicoanálisis y The Pervert’s Guide to Cinema, podemos ver en Summer la “pulsión de muerte”, en el sentido de que la única forma en que Tom Hansen puede seguir viviendo es a través del “objeto-Summer”. Su problema es que no intenta deshacerse de una persona, sino de un espectro; y, más aún, de un objeto que terminó encarnando el núcleo de su personalidad. Esa es la tragedia de Tom, la que le impide el pasaje post-adolescente.


6. Expectativa / realidad

(Aviso: desde acá, spoilers.)

El novel director Marc Webb no es idiota. Si bien abusa de las referencias pop —sin darse cuenta de que a estas alturas ya no marcan ninguna referencia (en la película Disney Bandslam4, el protagonista escucha Belle and Sebastian y le recomienda a la chica que escuche el Loaded de The Velvet Underground)—, propone una narración desestructurada: los 500 días pasan desordenados y aleatorios, como la mente de Tom. Eso da más pistas sobre la lectura traumática post-adolescente que aventura este estudio.

Tom (Joseph Gordon-Levitt) y Summer (Zooey Deschanel) en la tienda de discos; él lleva una polera de Joy Division que dice "Love Will Tear Us Apart" Tom y Summer en la tienda de discos. La polera de Joy Division dice el argumento entero.

De hecho, la misma cinta es un comentario sobre el cine y la comedia romántica. Como bien señala la crítica de Página/12, (500) Days of Summer presenta el amor como “simulacro”, vía enamoramiento. Desde el trabajo miserable de Tom —“escribir” sentimientos en tarjetas (¿un comentario sobre el rol del guionista de comedias románticas?, se pregunta la crítica citada)— hasta las dos escenas en que juegan a ser una pareja “en serio” en una tienda Ikea: la primera, felices; la segunda, amargos. Desde la dedicatoria intencionalmente “resentida” y “anónima” del principio hasta el resumen-cita a los Sex Pistols: ella es Sid, él es Nancy; ella acuchilla, él muere. Pero ella —y esto es lo inquietante si respetamos la metáfora textual— se suicida. Desde los días que pasan aleatoriamente (primero se conocen, después están peleando, después se ríen) hasta las metarreferencias a las protagonistas femeninas de Godard y Bergman.

Tom no “ama”: simplemente proyectó en la gris Summer toda su libido, su idealismo, sus referencias pop. De ahí lo caricaturizada que es, desde su ropa hasta los chistes tontos que hace. En un proceso inverso al de Jack Black en Amor ciego, nuestro protagonista ficcionaliza a la chica que, por eso mismo, nunca se siente segura de lo que siente por él. Su alegría tras haber consumado la relación es, lógicamente, masturbatoria y adolescente. En otras palabras: se lo hizo a sí mismo.

¿Y no es acaso ese el problema de quienes nunca han podido tener una relación sana y post-idealización? Summer no es el deseo, sino las culpas, las referencias, las inseguridades de Tom. Porque, como dice Žižek, es fácil alejarse de las personas, pero… ¿de un espectro? Y Summer es el espectro, el sueño de Tom que termina siendo una pesadilla. Un juego de apariencias —detectado por sus amigos nerds y su hermana futbolera— en el que él actúa de novio enamorado y ella actúa de novia enamorada, cuando en su discurso deja claro que no quiere nada serio. Y esa idea es la que sobrevive y atormenta a Tom. ¿Cómo nadie se ha dado cuenta?

Y el final —volvemos sobre el esloveno— es como el chiste de los hermanos Marx: “parece una idiota, actúa como una idiota… no se engañen: es una idiota”. Summer, efectivamente, creía en el amor.


7. Sin quitar el velo

Tres fotogramas seguidos de la escena final en la banca del parque: Tom y Summer, ya casada con otro, conversan; los subtítulos dicen "You never wanted to be anybody's girlfriend, and now you're somebody's wife. I don't think I'll ever understand that" La escena de la banca: “Nunca quisiste ser la novia de nadie, y ahora eres la esposa de alguien. No creo que llegue a entenderlo nunca”. Tom sigue sin entender porque nunca hubo nada que entender.

Tom, trágicamente, sigue viviendo la “realidad” de su ficción romántica. Sin Summer, transfiere todo a una nueva mujer. Ese es el problema de la visión adolescente del amor: no la tragedia ni la sobreactuación, sino no poder librarse de la sensación de estar dentro de un relato. (500) Days of Summer no tiene la voluntad de quitar el velo5. Tom no mató al ideal para seguir viviendo; simplemente se quedó ahí, en la aparente realidad de su ficción adolescente tardía.


8. Cómo citar

Ramírez Figueroa, J. C. (2010). (500) Days of Summer, o miren cómo sufre por una mujer que no existe [publicado originalmente en luchalibro]. Jardín digital de JC Ramírez Figueroa. https://lab.jcramirezfigueroa.com/500-days-of-summer-una-mujer-que-no-existe


9. Notas

Notas

  1. Se llega fácil googleando “jangle” o incluso “Morrissey” y buscando después links de Mediafire.

  2. Ver “Los romanos en el cine”, en Mitologías (1957).

  3. “Acúsalo con tu mamá, Kiko: El Chavo del Ocho, ¿un dispositivo ideológico postcolonialista made in México?”, ensayo inédito de Crash Boom Bang, Ramírez Figueroa, Juan Carlos, 2010. En preparación.

  4. Notable la reseña de The A.V. Club donde se burlan de estas referencias: “I Was a Teenage Pitchfork Hipster”.

  5. “El siguiente trabajo es ficción. Cualquier semejanza con personas vivas o muertas es pura coincidencia. Sobre todo contigo, Jenny Beckman. Perra”. Una cita extraña que enrarece intencionalmente la narración de la película.