Juan Carlos Ramírez Figueroa

Análisis Visual basado en Anotación Visual

Una de las razones que ha convertido a Maus (1977-1991) en una obra referencia del siglo XX es por la decisión artística de su autor, Art Spiegelman, de transformar a sus protagonistas en animales que responden a la misma jerarquía que los humanos les hemos asignado en la cultura popular. Gatos (alemanes-nazis) que persiguen ratones (judíos-diaspóricos) y que son combatidos por perros (estadounidenses-aliados).

Una estrategia que, primero, se hace cargo de la deshumanización con que los nazis presentaban a los judíos (literalmente: ratones); segundo, evita el realismo de los rostros humanos y tercero, activa un marco estético y narrativo reconocible por cualquiera expuesto a caricaturas clásicas estilo Tom y Jerry, Looney Tunes o las producciones de Disney. Allí las fricciones naturales de estos personajes-animales devienen en entretención y violencia-sin-consecuencias. Es decir, aunque los personajes caigan al precipicio, les exploten bombas o un piano los aplaste en la calle, en la siguiente escena vuelven a aparecer como si nada.

En Maus toda esta dinámica infantil se resignifica al abordar la experiencia terrible del holocausto o shoah (catástrofe), donde el régimen nazi intentó exterminar planificadamente al pueblo judío usando los campos de concentración1. Usando el registro de novela gráfica, el autor convierte a Maus en memoria histórica, biografía y confesión de un hijo de superviviente, capaz de comprender las paradojas y contradicciones de una catástrofe que ya parece no aceptar películas, dramaturgia, canciones o arte para “atravesarla” sino a través de un vehículo tan sorpresivo como los animales antropomorfizados y sus diálogos.

1. El incidente

En las páginas 98 y 99 del volumen II, asistimos a un incidente que rompe los recuerdos de Vladek, el padre de Spiegelman quien aparece junto a su esposa Françoise manejando un auto mientras un perro les hace dedo. Sólo aparece en cuatro viñetas continuas. La 1 y 4 a cuerpo completo, donde podemos apreciar sus dos ojos ovalados y claros que contrastan con su cuerpo oscuro, además de una maleta, y una especie de jardinera con puntos negros.

Viñeta 1 Viñeta 1.

Hay algo en su aspecto que podría recordar a Tribilín (Goofy) de Disney, que justamente representa a un perro2. Según la jerarquía animal asociada a naciones, este perro sería primero aliado estadounidense y luego, por su color, de origen afroamericano. En las otras dos viñetas solo podemos ver su rostro. No hay más detalles que para conocer su estado de ánimo, a diferencia de los ratones que pueden fruncir el ceño o angustiarse.

Solo tenemos sus diálogos que remiten al inglés rural estadounidense (“hiya”, “fo’walkin”, “mah”) y el contexto: hace calor y no tiene los recursos para trasladarse. Es decir, podemos ver en él a una persona rural, y que se preocupa de agradecer, sin darse por aludido a los comentarios de Vladek que grita lo identifica como un “hitch hiker” (alguien que hace dedo), luego como un “colored guy” y finalmente como un “shvartser” (negro en yiddish). Todo esto con la ventana abierta y a viva voz a juzgar por lo grueso de las letras de su cuadro de diálogo (viñeta 1). Luego, dice sin que pueda entenderlo: “I just can’t believe it! There’s a shvartzer sittin in here!"" (trad: “¡No puedo creerlo!, ¡Hay un shvartzer sentado aquí!” (Viñeta 3).

Esta incomodidad que le provoca al viejo ratón, superviviente del holocausto, es tan notable que al final, cuando el perro se va, su hijo junto a su pareja le reprochan unos cuadros más adelante por “hablar de los negros como los nazis de los judíos”. Mientras van en el auto, el viejo trata de hablarle a Françoise, en polaco, para que sólo ellos se enteren (viñeta 2) y luego, cuando se baja, en inglés (viñeta 4). Una actitud que entra en contradicción con el polaco y yiddish que prefiere usar este personaje para insultar onomatopéyicamente y que remiten a Europa central por una parte y al lenguaje de la comunidad judía en la diáspora.

Viñetas 2 y 3 Viñetas 2 y 3.

Viñeta 4 Viñeta 4.

2. La forma y el lenguaje

Aunque en un inicio sólo quería analizar la viñeta 1, es imposible no asociarla a las otras 3 y luego al incidente completo. Seis viñetas idénticas, descontando la primera que corresponde a las memorias de Vladek, en tres filas (p. 258) y ocho viñetas en cuatro filas (p. 259), donde las dos centrales son ligeramente más anchas, resaltando la conversación decisiva.

La cuadrícula regular sugiere un ritmo monótono que contrasta con el contenido emocionalmente cargado. Cada canal (gutter) actúa como “espacio de cierre” invitando al lector a completar silencios: el rugido del motor, el calor en la frente de Vladek y el instante previo al frenazo. Pero todo se juega en los diálogos, con sus modismos sureños como marca del perro en las 4 viñetas principales, el uso del polaco de Vladek, que se vuelve violento en la viñeta 3 donde sus garabatos deben ser traducidos como onomatopeyas y luego, la vuelta al inglés (viñeta 4). Pero también en este salto del inglés, yiddish y polaco que hace, primero gritando y luego dentro del auto. Es relevante el uso del yiddish que, es el idioma de los judíos de Europa central, acá se utiliza para denigrar a otra persona como hemos visto anteriormente.

Pero el perro afroamericano con sus ojos blancos y rasgados no hace caso de los dichos de Vladek pero introduce una tensión: apariencia visual versus comportamiento humano. Es literalmente, “una aparición” en medio de la regularidad formal de la cuadrícula paneal, el uso reiterado de líneas diagonales, para expresar inestabilidad y la distribución del negro para marcar tensiones dramáticas. Nos olvidamos que son animales y sólo vemos a blancos y negros, sólo a través del uso de los diálogos y el habla asociado a los personajes.

Para potenciar esto, Spiegelman utiliza un trazo lineal expresivo y un marcado claroscuro. Las líneas de contorno varían en grosor para enfatizar figuras y gestos: el ceño fruncido de Vladek, los ojos rasgados del perro. El negro sólido en los fondos crea atmósferas claustrofóbicas dentro del coche y de vulnerabilidad en las calles al exterior.

3. La reproducción de la violencia

En el interior del automóvil el pasado de Vladek retorna como prejuicio activo. Mis anotaciones giran en torno a la inocencia que desprende el perro, la auténtica otra víctima, frente a la pirotecnia verbal del ratón que lo discrimina, pero también sobre cómo el ser reconocido (y reconocerse) víctima genera una especie de barrera ante el cuestionamiento, incluso de su propio hijo. Es como si el trauma no garantizara una ética antirracista automática. Vladek, sobreviviente de la persecución nazi, reproduce un acto de exclusión: afirma que el perro puede robar del auto y lo califica de “negro” en polaco. La combinación de palabra e imagen (globos rectangulares con bordes irregulares) subraya la brusquedad y “normalidad” de su racismo.

Página 98 Página 99 Páginas 98 y 99.

Finalmente este pasaje ilustra la contradicción interna de Vladek como motor narrativo y ético, donde Maus no solo testimonia el Holocausto, sino que se pregunta fugazmente sobre las formas en que el trauma se transmite, reproduciendo estructuras de poder y exclusión dentro de la propia comunidad reconocida como víctima. El perro con ojos atentos, expresivos, a diferencia de Vladek, debe ser amable todo el tiempo (o las 4 viñetas donde aparece) porque quizá entiende que esa es la única forma de lograr sobrevivir en un mundo como el estadounidense donde el racismo parece está naturalizado. El ratón con ceño fruncido, encerrado en su propia visión de racismo donde todos los otros animales pueden ser un peligro.

Foto de la anotación visual Foto de la anotación visual.


4. Notas

Notas

  1. Un hecho que se replicó a diversas escalas con el genocidio armenio y la purga soviética a inicios del siglo XX y luego, en Camboya, Ruanda, Bosnia. Aunque por cercanía cultural, la experiencia judía suele representarse inapelablemente como el ejemplo de intento de exterminio radical, no hay que perder de vista la situación de pueblos originarios, los desplazamientos, el colonialismo, la segregación étnica o los detenidos desaparecidos, como un catálogo de horrores que el ser humano parece haber perfeccionado tecnológicamente.

  2. Que Tribilín sea un perro al igual que Pluto, pero con características humanas es una curiosidad en el universo Disney, aunque también hay registro de situaciones similares como de Mickey y Minnie asustados por ratones.